jueves, 4 de agosto de 2016

Diario apócrifo de un librero
Querido diario:

Uf... ya 2 de noviembre, parece que apenas comenzó el año y ya estamos iniciando este mes dedicado a la muerte y a la revolución y antesala del conocido y anhelado maratón Guadalupe Reyes. Ojalá y en este festivo mes nos emparejemos y superemos las consecuencias de los problemas que recién afligieron al país entero.

Déjame contarte lo que hoy me ocurrió. Como es sábado se preveía que habría en la librería más gente de lo habitual, por alguna extraña razón la gente compra más libros los sábados que el resto de la semana. Quizás los anima un inexplicable optimismo y se imaginan que en un par de días darán cuenta del libro que apenas adquirieron. Y sí, en efecto llegó más gente, siempre es bueno comenzar el mes con buena venta. Para iniciar el día, como siempre, revisé los boletines de novedades por si algo se me había escapado, no, todo estaba en orden, los pedidos hechos con teutona precisión, los estantes bien acomodados y las góndolas debidamente identificadas, todo como debe de ser, listos para enfrentar hasta al más exigente cliente, bueno eso creía. La vida no debería ser tan impredecible.

Serían quizás las dos de la tarde cuando ocurrió lo que te voy a a contar. A esa hora siempre baja la asistencia, todo el mundo se va a comer, todos menos yo. Ni modo que cierre la librería, qué tal que llega un cliente despistado y se lleva una buena cantidad de libros. Estaba revisando una de las secciones de la librería menos visitada, la de diccionarios, no la visitan ni los clientes y parece que ni los empleados a juzgar por el polvo que encontré sobre un no muy reciente ejemplar del Diccionario de Americanismos empleados en la costa del Pacífico.
La lógica indicaba que un libro con semejante nombre no debería tener mucha demanda, sobre todo por el alto precio que tenía y las más de 800 páginas que lo conformaban (sí, por supuesto que verifiqué cuántas paginas tenía el volumen), me preguntaba en qué momento de enajenación alguien lo pudo editar y más aún cómo diantres fue a parar en nuestros estantes cuando sonó la campanilla que indicaba que alguien había entrado. Dejé el volumen sobre el estante, sin ponerlo en su lugar y me asomé para ver quién pudiera haber entrado.

Un hombre joven vestido con jeans, una camiseta negra y una gorra de estambre miraba nervioso de un lado a otro.
-Buenas tardes ¿busca algún libro en particular? -mi pregunta pareció sobresaltarlo.
-No, nomás estoy mirando.
-Si necesita ayuda, con mucho gusto, estoy para servirle.
El hombre no respondió y se alejó caminando por entre los libreros. Como no tenía intención de ahuyentarlo ni ser molesto, regresé a buscar mi diccionario y ponerlo en su lugar. No fue mucho lo que me distraje, sin embargo y antes de que me percatara, el hombre estaba atrás de mí, sentí algo duro que me empujaba a media espalda.
-¡Esto es un asalto! no grites y estate tranquilo, vamos a la caja.
¡Carajo! pensé justo hoy nos tenían que asaltar, justo ahora que estaba siendo un buen día. Confieso que sentí temor, desde luego no tenía la menor intención de morir en mi librería asesinado por un raterillo de cuarta, porque la verdad el tipo ese no se veía como un delincuente de respeto, eso me irritó, vaya cualquier imbécil se siente con derecho de asaltarme, la cosa se estaba volviendo personal.
-¡Muévete o aquí te mueres!
Nos dirigimos a la caja, mientras pensaba y ¿si no tiene un arma y nomás me está empujando con una pluma? ya me había enterado de asaltos en los que el delincuente había usado cualquier objeto duro para intimidar a su víctima. Llegamos a la caja, el tipo me apuró.
-¡El dinero! pronto. -Lo pude ver de frente, no era ningún lápiz con lo que me amenazaba, era un revolver, y si digo que es un revolver es porque lo es, yo no soy de esos que confunde cualquier pistola con un revolver.
-¡Vamos, viene todo lo que tengas! y mientras eso decía me ponía su arma frente a la cara. 
Caray, ver a una arma así, de frente no es cosa que le recomiende a nadie, sobre todo si está en manos de un tipo que tiene intención de dispararle a uno con ella. Así que ahí la tenía el ojo oscuro del cañón del arma y los huecos donde van las balas en un revolver ¿huecos? ¿Qué no deberían estar ocupados por las balas? ah caray ¿cómo es eso?
Iba a abrir el cajón del dinero de la caja registradora cuando el tipo me volvió a empujar y francamente eso sí me hizo enojar, seguro que si lo pienso no lo hago, pero hay veces que se actúa por instinto. El primer golpe fue sobre la mano armada, el rufián no se lo esperaba, soltó el revolver que cayó a mis pies. Seguí golpeándolo sin piedad uno, dos, tres librazos bien acomodados lo dejaron fuera de combate, cuando llegó la policía seguía inconsciente.

Fue en ese momento que me felicité de haber traído aún en la mano el pesado ejemplar del Diccionario de Americanismos empleados en la costa del Pacífico.

viernes, 18 de marzo de 2016

Los corruptores de Jorge Zepeda Patterson


La mayoría de los críticos coinciden en que la novela negra en México encuentra su primera expresión con la obra de Rafael Bernal El complot mongol publicada en 1969. Diferente de la novela policiaca típica en la que se trata de desentrañar un misterio, ejemplos característicos serían las novelas de Arthur Conan Doyle y S. S. Van Dyne, la novela negra se caracteriza por su ambiente sórdido en el que el miedo, la violencia y de manera muy importante la corrupción del poder político se hacen presentes. Con frecuencia la historia se desarrolla en un contexto urbano y el móvil del crimen resulta ser alguna de nuestras muchas debilidades, el ansia de poder, la codicia y la lujuria.

Todas estas características las satisface ampliamente la novela Los corruptores de Jorge Zepeda Patterson. Publicada en 2013, la obra de este autor nacido en la Ciudad de México y con una larga trayectoria periodística, subdirector y director de El Universal y autor de varios libros de análisis político irrumpe en el género policiaco mexicano con gran vigor, mostrando imaginación, oficio y desde luego, gracias a su quehacer en los medios de información escrito, un profundo conocimiento de los entretelones de la política y el crimen organizado.

La novela mezcla de manera inteligente y verosímil a personajes reales con personajes de ficción, su protagonista central, un periodista entristecido y desmoralizado se encuentra con que precisamente por su falta de concentración y cuidado al escribir su columna de nota roja, se ha puesto en la mira de uno de los hombres más poderosos del país. Para enfrentar semejante problema la única solución es la de recurrir al consejo y ayuda de Los azules, el grupo de amigos con los que compartió una parte importante de su juventud. La trama se desarrolla de la misma manera que la historia, intensa, violenta y seductora.

“Su primer reflejo fue acomodarse la falda que tenía arremangada a la altura de las caderas. Detuvo el movimiento al sentir las cuerdas sobre sus muñecas; el dolor entumido de la mandíbula le recordó dónde se encontraba. El gordo que la había golpeado para acallarla y amordazarla seguía allí, acomodando la herramienta sobre la cómoda. Pamela alcanzó a ver una manta gruesa, un martillo corto y una especie de bate corto de metal. Prefirió desviar la mirada.”

Así principia esta novela que sin duda una vez que inicies su lectura no la soltarás hasta llegar a la última página.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Septiembre, mes patrio.

Como siempre disfruto y me emociona este mes de septiembre, así que aquí transcribo este poema que escribí pensando en mi querida Ciudad de México.

Mi Babel

Aleteo de colibrí
el cascabel de culebra
envuelve los pies
danzan las plumas
Los signos de tu nombre, Babel

Espejo de obsidiana humeante
de extensión casi infinita
el cielo se mira en él
encuentra estrellas sin nombre
quizás cometas que avanzan
se detienen se extinguen y renacen

Desierto y jungla, sal y miel
oscura y caliente, luminosa y caliente
corazón de incontables latidos
feroz y tierno animal
ombligo de la luna y del mundo
cristal,agua, fuego y metal

Rincones irrepetibles innombrables
cruces de caminos
tragafuegos saltimbanquis
vidas de cuna perdida
melodía secreta, gritos,ruidos, ecos
tal es la voz de mi Babel

Tumba de dioses de piedra
de águilas reales, nopales y serpientes
voces de pueblo ecos de bronce
luces de amanecer y de ocaso
comal de concreto que reverbera
con olor a patria

Nido de corazones soñadores
pozo de lava
me cobijas, me abrigas
el viento una voz más
canta para arrullarme
Mi hogar, mi Babel

viernes, 3 de julio de 2015

Una ausencia de más de 24 horas

El día 2 de julio fue noticia, paradójicamente, la muerte de quien fuera uno de los periodistas, uno de los dadores de noticias más importantes de México. Me refiero desde luego al fallecimiento de Jacobo Zabludovsky. Como hombre público fue criticado y enaltecido, pero en estas líneas lo que quiero es recordar como, al igual que para muchas personas de mi generación, Jacobo fue referencia constante en la visión que, en esos años, las circunstancias sociales y políticas existentes permitían tener del país.
Incuestionable paladín del centro histórico de la Ciudad de México, tuvimos en común haber asistido a la misma escuela primaria ubicada en una de las calles de ese indescriptible barrio que es el primer cuadro, aunque eso sí con varios decenios de diferencia. La escuela era la República del Perú, que después cambiaría de nombre a España, nombre que tenía cuando ingresé a ella.
Jacobo estuvo presente en por lo menos dos de los hechos que no podré olvidar, uno el 20 de junio de 1969, la llegada del hombre a la luna, recuerdo bien que ese día había una fiesta familiar, el cumpleaños de mi tía China, se llamaba Enriqueta pero su rubio y ensortijado cabello le ganó el cariñoso mote de la China. Vivíamos a unas pocas cuadras de distancia, así que furtivamente me ausente de la fiesta para ir a casa a ver la transmisión que justamente narraba Jacobo, mi sorpresa fue que poco a poco fueron llegando otros invitados para ver esa histórica transmisión.
El segundo hecho fue aquella fatídica mañana del 19 de septiembre de 1985, el día que la Ciudad de México vivió uno de sus momentos de mayor desgracia pero también de mayor gloria, tanto sufrimiento encontró un antídoto en una memorable e histórica muestra de solidaridad y generosidad como no he visto. Su conmovedora y exacta crónica del recorrido que hizo por las áreas devastadas por aquel sismo aún me conmueven y ver a mi ciudad rota en esas desgarradoras imágenes todavía me arranca lagrimas.
Una casualidad más, Jacobo estudió en la Facultad de Derecho en esos años ubicada en la calle de San Ildefonso 126, años después ese edificio sería sede de la Escuela Nacional Preparatoria no. 2, la prepa en la que cursé el bachillerato.
Me hubiera gustado conocerlo, hablar con él de las personas que entrevistó, de los hechos que atestiguó, en fin del mundo del que fue privilegiado espectador y cronista, pero no será posible, ya se fue, descanse en paz.

lunes, 29 de septiembre de 2014

La distribución del libro, un problema peliagudo (primera parte)



La industria editorial está en crisis, esta aseveración se ha vuelto un lugar tan común que nadie la toma en serio. No sé si a la situación por la que actualmente pasa se le pueda calificar de crisis, lo que sí es un hecho es que se encuentra en un estado de profunda transformación, más aún, me atrevo a decir que se encuentra en medio de un proceso de evolución, entendiendo este concepto como el de adaptación al medio ambiente y sus circunstancias.
Son muchos los aspectos del libro que requieren ser estudiados a profundidad en el contexto de la actual situación y desde diferentes perspectivas. En esta y otras entradas presentaré mi punto de vista sobre un tema que siempre ha sido complicado de enfocar adecuadamente, me refiero a la distribución de la producción editorial de aquellas editoriales que se autodenominan independientes, si bien no coincido plenamente con el calificativo, lo usaré por su amplia difusión, así que sin más preámbulo entro en el tema.
La industria editorial, desde una perspectiva funcional está integrada por tres grandes procesos; el editorial propiamente dicho que involucra desde la selección y contratación del libro hasta su traducción cuando es el caso. El segundo es el de producción, aquí estamos hablando de la transformación de la obra que presenta el autor en cualquier formato en un libro terminado en cualquiera de los soportes de los que actualmente se disponen y la “fabricación” de los ejemplares que integrarán el tiro total de la edición, y finalmente el proceso de comercialización que va desde la fijación del precio de los ejemplares que componen la tirada del libro que se trate hasta su colocación en los puntos de venta o centros de consumo.
Este último proceso es sin duda el más complejo de ejecutar, además, las decisiones que se hayan tomado en los procesos previos tienen sin duda un efecto directo en la comercialización del libro. Por otra parte, aquí interviene el último eslabón de la cadena de distribución, la librería, la que requiere una comunicación frecuente con la editorial y que ésta la apoye mediante campañas de comunicación que den a conocer los títulos publicados y se pueda así lograr que estos sean conocidos por el consumidor final.

En el caso particular de las llamadas editoriales independientes (aquellas que no pertenecen a alguno de los grandes grupos transnacionales) los problemas que enfrentan en la distribución de sus publicaciones son sólo un síntoma de un problema más serio, la falta de capacidad para comercializar adecuadamente sus productos, lo que con frecuencia las ha llevado al extremo de comprometer su viabilidad como negocio.
Si bien muchas de estas editoriales están haciendo esfuerzos por desarrollar estructuras de venta más efectivas e incluso lanzan campañas de comunicación para tratar de vincularse con el potencial público consumidor, principalmente a través de redes sociales, esas campañas, en general, tienen pobres resultados como motivadores de consumo y logran poco con sus clientes directos, las librerías o puntos de venta de libros.

Las editoriales independientes deben ser capaces entonces de:
  • Identificar a sus clientes potenciales (librerías afines con su catálogo).
  • Hacer llegar sus publicaciones con oportunidad.
  • Crear y ofrecer material para los puntos de venta.
  • Negociar espacios de exhibición adecuados aunque se entiende que esto puede incidir en el descuento otorgado.
  • Apoyar a las librerías con presentaciones de autores y promociones (incluso copiar estrategias de otros sectores comerciales, v. g. la práctica del push money).
  • Elaborar y analizar pronósticos financieros (tener claro el punto de equilibrio en dinero y ejemplares para cada edición).
  • Gestionar adecuadamente sus inventarios. Este es un tema que viene desde las decisiones de producción, es fácil caer en la trampa de que incrementando el tiro se logran mejores costos, si bien esto es cierto en cuanto a que los costos fijos se distribuyen entre más ejemplares, también es cierto que esto origina capital inmovilizado derivado de la mayor inversión en el costo variable dedicado a más ejemplares, aquí quien gana es la imprenta no la editorial.
De lo anterior se puede inferir que más que un problema de logística (que sería solamente el tema de distribución) la cuestión central es la ausencia de un adecuado aparato de comercialización que reúna de manera integral todos los elementos que permitan el desplazamiento de los libros.

martes, 18 de febrero de 2014

Las listas ¿Qué tan listas son?



Sin duda la necesidad de organizarnos, de aprovechar los recursos tecnológicos que disponemos y de manejar el recurso más valioso y cada vez más escaso, el tiempo, ha hecho que tengamos listas para todo, lista para ir de compras, listas de los correos electrónicos de los amigos, de sus twitters, de sus cuentas de Facebook y por supuesto la inefable lista de útiles escolares, vivimos con un montón de listas entre manos.
En el ámbito cultural existen también multitud de listas. Sin embargo, pudiéramos decir que la madre de todas las listas es la conocida como el Canon occidental, en ésta se encuentra el corpus de obras de arte y literarias que han formado la denominada alta cultura en la civilización occidental. Esta lista incluye tanto las obras literarias como artísticas que se estiman de importancia trascendental. Para la civilización occidental se consideran como los pilares del canon literario los poemas homéricos y la Biblia, por supuesto también están incluidos un nutrido número de clásicos grecolatinos, desde Aristóteles hasta Séneca pasando desde luego por Cicerón, Virgilio y Ptolomeo, también forman parte de esta importante lista autores como Agustín de Hipona y Tomás de Aquino, y de ninguna manera pueden faltar Dante, Petrarca y Boccaccio.
El canon, como cualquier otra lista en la prive un cierto punto de vista siempre estará sujeto a críticas, algunas a favor y otras muchas en contra. Cada cultura nacional genera su propio y particular canon, además de producir una versión diferente del canon occidental; tenemos que reconocer que generar una lista en la que todos estén de acuerdo resulta casi imposible.
Hablando de listas de libros, resulta que muchos libros son a su vez listas en las que se entra en más detalle sobre los temas o conceptos que enlistan. Como ejemplo podemos mencionar algunos títulos publicados en español que son representativos de las listas literarias, en primer lugar 1001 libros que hay que leer antes de morir, editado por Peter Boxall y José Carlos Mainer y publicado por Grijalbo, otros tres títulos infaltables en esta breve lista pertenecen a la autoría de Harold Bloom, el prestigiado y polémico crítico norteamericano. El primero es el que se titula, precisamente El canon occidental, esta obra, publicada por Anagrama, descansa en 26 autores de entre los que vale la pena mencionar, por ser autores de nuestra lengua a Cervantes y  Borges. El segundo es El canon del ensayo, en esta obra Bloom se ocupa de 20 autores y de la Biblia sobre lo que él llama ensayistas proféticos. El tercer título que quiero mencionar es Cuentos y cuentistas El canon del cuento. En esta lista con forma de libro son mencionados 39 autores de esa narrativa breve tan disfrutable como compleja. Los dos últimos títulos fueron publicados en español por la editorial Colofón en el sello Páginas de espuma.
En el mundo moderno de los libros las listas no sólo consideran la importancia cultural de una obra o de un autor, quienes vivimos en contacto estrecho con la industria editorial y las librerías manejamos muchas, muchísimas listas.
Por supuesto hay que conocer las listas de novedades que nos ofrecen las editoriales, las listas de reimpresiones que pronto volverán al mercado, las listas de los títulos más vendidos, ésta es singularmente importante ya que se convierte en una especie de brújula que orienta, por una parte, la oferta presente en las librerías, y por otra parece representar las preferencias de consumo de los lectores.
Pareciera que esta última lista no daría pie a discusión alguna, finalmente los números son los números y si de una obra se venden más ejemplares que de otra, se tendrá que admitir que una esté en la lista de los más vendidos y quizás la otra no. Sin embargo lo que no nos dice la cantidad de ejemplares vendidos es si una obra es o no trascendente y si con el paso del tiempo se incorporará al canon occidental.
Me parece que cuando de listas se trate, y particularmente de listas de libros no podemos perder de vista el que debiera ser su propósito central, ser auxiliares en la toma de decisiones sobre que leer de acuerdo a los gustos e intereses del lector. El dato se tiene que contextualizar para volverse información, ésta a su vez, ser procesada para convertirse en conocimiento que finalmente al incorporarse a la naturaleza de la persona contribuya al desarrollo de su inteligencia, a que la pase bien, y por qué no, a que sea cada vez más lista.

Pueden encontrar una versión en podcast de esta entrada en http://www.ivoox.com/letras-al-aire-programa-185-las-audios-mp3_rf_2836349_1.html 

lunes, 9 de diciembre de 2013

Leer digitalmente

Desde hace varios años el tema del libro electrónico o digital ha estado presente en prácticamente todas las discusiones que sobre el libro se dan. La desaparición del libro en papel, de las librerías y de la industria editorial tal como la conocemos son algunas de las predicciones que de manera pesimista se hacen al respecto. Los optimistas dicen que esos pronósticos no se cumplirán... al menos en el futuro inmediato. Recién asistí al XII Foro Internacional de Editores en el marco de la FIL 2013. En quizás una de las sesiones más interesantes del Foro se trató sobre lo que, a mi juicio, debería ser el eje rector de las discusiones y divagaciones que sobre el tema se desarrollen, me refiero -desde luego- al lector y la lectura. Me parece que hemos errado la perspectiva con la que se enfoca el tema del libro digital, nos hemos centrado en el objeto y no en el sujeto; quizás se debería hablar más del lector y de la actividad que lleva a cabo cuando se enfrenta a un texto digital en un soporte digital. Evidentemente, esta actividad es la lectura digital.

El Diccionario de la Real Academia Española consigna ocho diferentes acepciones para el verbo leer. A la letra dicen las dos primeras:
1. tr. Pasar la vista por lo escrito o impreso comprendiendo la significación de los caracteres empleados.
2. tr. Comprender el sentido de cualquier otro tipo de representación gráfica. Leer la hora, una partitura, un plano.

Este par de definiciones funcionan bien cuando hablamos de contenidos en un soporte tradicional, y quizás hasta para cierto tipo de libros digitales que sólo nos ofrecen las mismas páginas de un libro impreso pero llevadas a la pantalla de un ebook reader. Sin embargo nos encontramos que la tecnología ha potenciado, de manera insospechada, la presentación y despliegue de los contenidos, sean del tipo que sean, desde la poesía hasta los libros para niños, desde las matemáticas hasta las obras jurídicas estas definiciones ya no son suficientes y satisfactorias. Y todo esto gracias a que ahora es posible incorporar en los libros digitales sonidos e imágenes en movimiento, lo que se ha dado en llamar realidad aumentada. 
También nos encontramos a como la muy interesante conjugación de libros en soporte tradicional -papel- y de esos pequeños programas cargados en dispositivos digitales (los conocidos como apps o aplicaciones) conducen, cuando se usan conjuntamente, a que el acto de leer se convierte en una acción diferente a las mencionadas en el DRAE.
El lector digital, el lector humano que lee en dispositivos digitales no sólo pasa la vista por un texto en un soporte digital y comprende la significación de los caracteres empleados, cuando accede a contenidos digitales mira además imágenes en movimiento y escucha sonidos que complementan y enriquecen ese significado, la lectura digital es igual ahora a la lectura tradicional+mirar+escuchar. 
El lector digital decodifica los contenidos digitales ofrecidos en los soportes digitales llevando a cabo una acción semejante pero no idéntica que la que se lleva a cabo en la lectura tradicional. Quizás se requiera la intervención de las neurociencias para dilucidar las posibles diferencias entre la lectura tradicional y la lectura digital de contenidos digitales, entendiendo estos como la reunión estructurada de textos, imágenes en movimiento y sonidos constituyendo una unidad semántica.
Comprender a profundidad el cambio que el uso de la tecnología ha obrado en los lectores ayudará, qué duda cabe, a visualizar un posible futuro inmediato del libro y de su entorno así como a encontrar un nuevo significado para el verbo leer.