Desde hace varios años el tema del libro electrónico o digital ha estado presente en prácticamente todas las discusiones que sobre el libro se dan. La desaparición del libro en papel, de las librerías y de la industria editorial tal como la conocemos son algunas de las predicciones que de manera pesimista se hacen al respecto. Los optimistas dicen que esos pronósticos no se cumplirán... al menos en el futuro inmediato. Recién asistí al XII Foro Internacional de Editores en el marco de la FIL 2013. En quizás una de las sesiones más interesantes del Foro se trató sobre lo que, a mi juicio, debería ser el eje rector de las discusiones y divagaciones que sobre el tema se desarrollen, me refiero -desde luego- al lector y la lectura. Me parece que hemos errado la perspectiva con la que se enfoca el tema del libro digital, nos hemos centrado en el objeto y no en el sujeto; quizás se debería hablar más del lector y de la actividad que lleva a cabo cuando se enfrenta a un texto digital en un soporte digital. Evidentemente, esta actividad es la lectura digital.
El Diccionario de la Real Academia Española consigna ocho diferentes acepciones para el verbo leer. A la letra dicen las dos primeras:
1. tr. Pasar la vista por lo escrito o impreso comprendiendo la significación de los caracteres empleados.
Este par de definiciones funcionan bien cuando hablamos de contenidos en un soporte tradicional, y quizás hasta para cierto tipo de libros digitales que sólo nos ofrecen las mismas páginas de un libro impreso pero llevadas a la pantalla de un ebook reader. Sin embargo nos encontramos que la tecnología ha potenciado, de manera insospechada, la presentación y despliegue de los contenidos, sean del tipo que sean, desde la poesía hasta los libros para niños, desde las matemáticas hasta las obras jurídicas estas definiciones ya no son suficientes y satisfactorias. Y todo esto gracias a que ahora es posible incorporar en los libros digitales sonidos e imágenes en movimiento, lo que se ha dado en llamar realidad aumentada.
También nos encontramos a como la muy interesante conjugación de libros en soporte tradicional -papel- y de esos pequeños programas cargados en dispositivos digitales (los conocidos como apps o aplicaciones) conducen, cuando se usan conjuntamente, a que el acto de leer se convierte en una acción diferente a las mencionadas en el DRAE.
El lector digital, el lector humano que lee en dispositivos digitales no sólo pasa la vista por un texto en un soporte digital y comprende la significación de los caracteres empleados, cuando accede a contenidos digitales mira además imágenes en movimiento y escucha sonidos que complementan y enriquecen ese significado, la lectura digital es igual ahora a la lectura tradicional+mirar+escuchar.
El lector digital decodifica los contenidos digitales ofrecidos en los soportes digitales llevando a cabo una acción semejante pero no idéntica que la que se lleva a cabo en la lectura tradicional. Quizás se requiera la intervención de las neurociencias para dilucidar las posibles diferencias entre la lectura tradicional y la lectura digital de contenidos digitales, entendiendo estos como la reunión estructurada de textos, imágenes en movimiento y sonidos constituyendo una unidad semántica.
Comprender a profundidad el cambio que el uso de la tecnología ha obrado en los lectores ayudará, qué duda cabe, a visualizar un posible futuro inmediato del libro y de su entorno así como a encontrar un nuevo significado para el verbo leer.
