lunes, 29 de septiembre de 2014

La distribución del libro, un problema peliagudo (primera parte)



La industria editorial está en crisis, esta aseveración se ha vuelto un lugar tan común que nadie la toma en serio. No sé si a la situación por la que actualmente pasa se le pueda calificar de crisis, lo que sí es un hecho es que se encuentra en un estado de profunda transformación, más aún, me atrevo a decir que se encuentra en medio de un proceso de evolución, entendiendo este concepto como el de adaptación al medio ambiente y sus circunstancias.
Son muchos los aspectos del libro que requieren ser estudiados a profundidad en el contexto de la actual situación y desde diferentes perspectivas. En esta y otras entradas presentaré mi punto de vista sobre un tema que siempre ha sido complicado de enfocar adecuadamente, me refiero a la distribución de la producción editorial de aquellas editoriales que se autodenominan independientes, si bien no coincido plenamente con el calificativo, lo usaré por su amplia difusión, así que sin más preámbulo entro en el tema.
La industria editorial, desde una perspectiva funcional está integrada por tres grandes procesos; el editorial propiamente dicho que involucra desde la selección y contratación del libro hasta su traducción cuando es el caso. El segundo es el de producción, aquí estamos hablando de la transformación de la obra que presenta el autor en cualquier formato en un libro terminado en cualquiera de los soportes de los que actualmente se disponen y la “fabricación” de los ejemplares que integrarán el tiro total de la edición, y finalmente el proceso de comercialización que va desde la fijación del precio de los ejemplares que componen la tirada del libro que se trate hasta su colocación en los puntos de venta o centros de consumo.
Este último proceso es sin duda el más complejo de ejecutar, además, las decisiones que se hayan tomado en los procesos previos tienen sin duda un efecto directo en la comercialización del libro. Por otra parte, aquí interviene el último eslabón de la cadena de distribución, la librería, la que requiere una comunicación frecuente con la editorial y que ésta la apoye mediante campañas de comunicación que den a conocer los títulos publicados y se pueda así lograr que estos sean conocidos por el consumidor final.

En el caso particular de las llamadas editoriales independientes (aquellas que no pertenecen a alguno de los grandes grupos transnacionales) los problemas que enfrentan en la distribución de sus publicaciones son sólo un síntoma de un problema más serio, la falta de capacidad para comercializar adecuadamente sus productos, lo que con frecuencia las ha llevado al extremo de comprometer su viabilidad como negocio.
Si bien muchas de estas editoriales están haciendo esfuerzos por desarrollar estructuras de venta más efectivas e incluso lanzan campañas de comunicación para tratar de vincularse con el potencial público consumidor, principalmente a través de redes sociales, esas campañas, en general, tienen pobres resultados como motivadores de consumo y logran poco con sus clientes directos, las librerías o puntos de venta de libros.

Las editoriales independientes deben ser capaces entonces de:
  • Identificar a sus clientes potenciales (librerías afines con su catálogo).
  • Hacer llegar sus publicaciones con oportunidad.
  • Crear y ofrecer material para los puntos de venta.
  • Negociar espacios de exhibición adecuados aunque se entiende que esto puede incidir en el descuento otorgado.
  • Apoyar a las librerías con presentaciones de autores y promociones (incluso copiar estrategias de otros sectores comerciales, v. g. la práctica del push money).
  • Elaborar y analizar pronósticos financieros (tener claro el punto de equilibrio en dinero y ejemplares para cada edición).
  • Gestionar adecuadamente sus inventarios. Este es un tema que viene desde las decisiones de producción, es fácil caer en la trampa de que incrementando el tiro se logran mejores costos, si bien esto es cierto en cuanto a que los costos fijos se distribuyen entre más ejemplares, también es cierto que esto origina capital inmovilizado derivado de la mayor inversión en el costo variable dedicado a más ejemplares, aquí quien gana es la imprenta no la editorial.
De lo anterior se puede inferir que más que un problema de logística (que sería solamente el tema de distribución) la cuestión central es la ausencia de un adecuado aparato de comercialización que reúna de manera integral todos los elementos que permitan el desplazamiento de los libros.

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