El día 2 de julio fue noticia, paradójicamente, la muerte de quien fuera uno de los periodistas, uno de los dadores de noticias más importantes de México. Me refiero desde luego al fallecimiento de Jacobo Zabludovsky. Como hombre público fue criticado y enaltecido, pero en estas líneas lo que quiero es recordar como, al igual que para muchas personas de mi generación, Jacobo fue referencia constante en la visión que, en esos años, las circunstancias sociales y políticas existentes permitían tener del país.
Incuestionable paladín del centro histórico de la Ciudad de México, tuvimos en común haber asistido a la misma escuela primaria ubicada en una de las calles de ese indescriptible barrio que es el primer cuadro, aunque eso sí con varios decenios de diferencia. La escuela era la República del Perú, que después cambiaría de nombre a España, nombre que tenía cuando ingresé a ella.
Jacobo estuvo presente en por lo menos dos de los hechos que no podré olvidar, uno el 20 de junio de 1969, la llegada del hombre a la luna, recuerdo bien que ese día había una fiesta familiar, el cumpleaños de mi tía China, se llamaba Enriqueta pero su rubio y ensortijado cabello le ganó el cariñoso mote de la China. Vivíamos a unas pocas cuadras de distancia, así que furtivamente me ausente de la fiesta para ir a casa a ver la transmisión que justamente narraba Jacobo, mi sorpresa fue que poco a poco fueron llegando otros invitados para ver esa histórica transmisión.
El segundo hecho fue aquella fatídica mañana del 19 de septiembre de 1985, el día que la Ciudad de México vivió uno de sus momentos de mayor desgracia pero también de mayor gloria, tanto sufrimiento encontró un antídoto en una memorable e histórica muestra de solidaridad y generosidad como no he visto. Su conmovedora y exacta crónica del recorrido que hizo por las áreas devastadas por aquel sismo aún me conmueven y ver a mi ciudad rota en esas desgarradoras imágenes todavía me arranca lagrimas.
Una casualidad más, Jacobo estudió en la Facultad de Derecho en esos años ubicada en la calle de San Ildefonso 126, años después ese edificio sería sede de la Escuela Nacional Preparatoria no. 2, la prepa en la que cursé el bachillerato.
Me hubiera gustado conocerlo, hablar con él de las personas que entrevistó, de los hechos que atestiguó, en fin del mundo del que fue privilegiado espectador y cronista, pero no será posible, ya se fue, descanse en paz.
viernes, 3 de julio de 2015
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